Bajo el magnolio, Marina Mayoral

Aquella tarde hicimos el amor tres veces y cada vez mejor. Fue algo parecido a cuando tienes mucha hambre y con los primeros bocados te precipitas, casi ni los saboreas, aunque sí sientes el placer de saciar un deseo acuciante, casi doloroso por su intensidad. Y después viene un disfrute más sereno, más consciente del propio placer, un descubrimiento de los matices, un paladear despacio, sin prisas, los manjares preferidos.

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Quant a Viola de Vent

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